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"AFRICADECIMIENTOS", por ALEJANDRO SANZ

Miami, octubre 2011
“No queremos tu dinero, queremos tu corazón”. Esta es la frase con la que Médicos Sin Fronteras (MSF) se presentó. No sabía realmente la fuerza que esa frase tendría hasta que Cristina Rodríguez –de mi oficina de management– y yo viajamos con la organización a Zimbabue… El viaje tuvo su yin y su yan: aeropuertos caóticos, aranceles y papeles, aviones que no lo parecían (tengo que hacer algo con mi miedo a volar)…vamos, un viaje movidito, pero al llegar fue cuando empezó el viaje de verdad.

Conocí a l@s niñ@s y a l@s abuel@s (muchas madres ya no están) de los proyectos de sida pediátrico que tiene MSF en ese país. Viajamos por carreteras imposibles a poblados remotos, donde nos recibían cantando y bailando, agradecidos solo con nuestra presencia. Todo lo occidental, todo nuestro bienestar y nuestro materialismo empezó a dolerme en el estómago y descubrí, escuchando a esa gente, cuál es el lujo de verdad: el de la vida, el de caminar y observar a los demás, el de escuchar sus historias, compartir su comida y su cama, y su grandeza y el lujo de luchar.

Los paisajes de Zimbabue quedarán grabados en mi retina para siempre, pero las personas quedarán a fuego en mi alma, incluso después de que me haya ido de este mundo. Ese es el objetivo de este disco: dejar constancia de la realidad de un pueblo que parece invisible y está más cerca de lo que pareciera.
Quisiera por tanto dejar por escrito algunos agradecimientos que no quiero olvidar. En primer lugar a MSF, a los hombres y mujeres que forman parte de este compromiso con los más necesitados, por su valentía y su generosidad, por su incansable capacidad de sobreponerse a las dificultades, mis superhéroes invencibles y tiernos, y por permitirme llevar a cabo este proyecto, el regalo de despertar…

A los artistas que han querido participar en este disco y a la alegría con la que lo han hecho, entregando su tiempo, su talento, su esfuerzo y su ejemplo. Un honor haber contado con todos ustedes, maestros. A los músicos que, instrumento en mano, como porteadores de película antigua sobre África, vinieron a grabar sus notas con pasión… y gratis.

A Rafa Sardina, que siempre está y siempre está bien, gracias, amigo. A Mariscal por ilustrar, en todo el sentido de la palabra, este pequeño grito musical. Gracias de corazón a Angie Martinez por su ayuda en Nueva York. A mis amigos Loren y JR Ridinger por presentárnosla, por poner a nuestra disposición su casa y entregarnos su cariño y su hospitalidad.

A Javier Limón y Antonio Carmona por enamorarse del proyecto desde el primer momento y por sus corazones grandes siempre sedientos. A David Trueba, autor de un documental sobre Positive Generation, por subirse al proyecto, pero por la puerta que le dio la gana, que para eso están.

A Universal porque de este disco no van a ganar nada y aún así sonrieron cuando lo escucharon, porque saben que a veces dar también es ganar. Gracias, desde los ojos caídos de sueño, a Paula Farias de MSF por enredarme, por empujarme, por el viaje, por el reposo y el poso, por la realidad sin lamentos, sin excesos, pero sin defectos, mostrando lo que está roto y cómo podemos recomponerlo.

Gracias a todas las personas que decidan comprar el disco, porque mientras escuchan música estarán ayudando a combatir el sida en Zimbabue. Díganme si no les da un poco de paz. Gracias, en fin, a ese trocito de África que me atrapó para siempre, a los niños y las niñas de Bulawayo y Tsholotsho, a los artistas africanos sin discos de oro, sin reconocimientos ni rollos… Allí es donde nació todo, de allí venimos y allí volvimos a buscar sus voces para no quedarnos solos. Ahora resuenan en mi cabeza los coros del pueblo de arena colorada… son la más alta expresión de virtud humana, son amor. De allí venimos y allí volvimos a buscar sus voces… para no quedarnos solos.

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