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El Paraíso de Alejandro Sanz,técnicamente perfecto

La gira 'Paraíso' permite que afloren otros roles de un cantante que busca provocar otras experiencias entre sus incondicionales seguidores.

Técnicamente perfecto. Ni un reproche al despliegue de medios técnicos, escenografía y diseño visual de la gira Paraíso, de Alejandro Sanz. El trabajo realizado por Luis Pastor, ingeniero de escenografía y luces, y Fernando Díaz, responsable de sonido, han dado una nueva dimensión al perfil artístico que pregona ahora el cantante. Sin perder esa cuota de melancolía y de romanticismo de mesilla de noche que tantos triunfos le ha reportado en su carrera.

El paso por la capital grancanaria de la gira, segunda escala de la presentación en el Archipiélago de su octavo álbum de estudio, Paraíso Express, deja un par de cosas muy claras acerca de qué vende Alejandro Sanz y cómo respira: de entrada, pocos artistas españoles e internacionales son capaces de reunir a unas 10.000 personas y convertirse en el conductor de la felicidad colectiva con su verbo, los tópicos a la luna y a la UD Las Palmas, y demás latiguillos de manual; que sus canciones, las nuevas y las de discos como Más (1997) o El alma al aire (2000), revolucionan al personal que le venera de forma asombrosa; y que el traje de rockero le queda grande a un artista que hace tiempo marcó bien claro el camino por el que iba a discurrir su futuro.

Paraíso Express tiene una tremenda vigorosidad en directo, gracias a la mejor banda que podía tener de su parte, con el enérgico guitarra Mike Ciro como conductor musical. Y pese a que insistiera una y otra vez al público en que "No aplaudan al guitarra", la fiereza con la que se empleaban los músicos hacía pensar que era otro concierto. Incluso se permitió la banda, con permiso de Sanz, tomar prestado el riff de Back in Black de AC/DC para ambientar la pachanga en la que se presenta a los músicos. Algo que no hace falta a un león que no es tan fiero, y cuyos atributos hay que buscarlos en canciones como Mi Peter Punk, Lo que fui es lo que soy, Desde cuándo, Viviendo deprisa o Nuestro amor será leyenda, las cinco primeras que clavó antes de mirar atrás y revolver cabezas con su Corazón partío. O en otras como Cuando nadie me ve, Lola soledad, Tu letra podré acariciar y Aquello que me diste. Dos horas y poco más, con amago de acabar al tercer tema, interludio de dos piezas a piano, y una Looking for Paradise en la que Sara Devine hizo olvidar con su voz a la misma Alicia Keys.

Sanz se despidió igual que vino, con un griterío inmenso y un popurrí entre A la primera persona, Mi soledad y yo, Amiga mía, con las que se colgó la bandera canaria.



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